miércoles, 17 de marzo de 2010
Por qué soy un trader
lunes, 15 de febrero de 2010
Una de las mejores lecciones que he aprendido en la vida
martes, 9 de febrero de 2010
El motivo por el que no me asocio con su empresa es porque son un atajo de putas baratas
lunes, 25 de enero de 2010
Madres, no permitan que sus hijos se hagan traders de mayores
miércoles, 9 de diciembre de 2009
El valor del trading como actividad basada en el rendimiento
martes, 8 de diciembre de 2009
¿Cuál es el valor del trading?
martes, 1 de septiembre de 2009
Tres lecciones sobre la vida y el trading que aprendí por una crisis personal

[Para celebrar el cumpleaños del Dr. Steenbarger – que es esta semana – una historia sobre aquella vez que prácticamente volvió a nacer. ¡Felicidades, Doc!]
Estaba en Vermont en una reunión familiar y había cogido un par de cosas de comer para la habitación del hotel. Curiosamente, no pude encontrarlas cuando volví al hotel. No fue hasta más tarde que me di cuenta de que me las había dejado en el maletero del Jeep. Rápidamente, bajé a sacarlas. Una de ellas era una ensaladilla y no quería que se pusiese mala.
No lo sabía entonces, pero estaba a 48 de horas de una emergencia médica que podría haber sido mortal.
El viaje de vuelta a casa no fue agradable. Comenzó con un pequeño dolor de estómago por la mañana, después pasó a ser una fiebre y más tarde se convirtió en nauseas. Estuve malo la mayor parte de los dos trayectos del viaje. Para cuando llegué a mi casa en Naperville, no obstante, la fiebre me había bajado y las nauseas habían desaparecido. Todo lo que me quedaba era algo de dolor en el estómago. Me había intoxicado con la comida, razoné, y probablemente la culpable era la ensaladilla.
El lunes por la mañana tenía programado un vuelo a Nueva York para reunirme con traders en un fondo hedge. Todavía tenía dolores, pero ni fiebre ni nauseas. Me debatía entre cancelar el viaje o no, pero decidí no alterar mis planes. Fue una decisión fatídica y que acabó conmigo en un hospital.
Las reuniones del lunes fueron bien y cogí un coche desde la empresa de trading hasta mi hotel en el aeropuerto. Para entonces, el dolor de estómago se había movido a un área más específica: la parte inferior derecha de mi abdomen. Estaba cada vez más preocupado de que esto fuese apendicitis, no una intoxicación. Entré en el hotel, eché un vistazo a mi habitación y me di la vuelta con mis maletas. Pregunté a la recepcionista del hotel dónde estaba el hospital más cercano que fuese bueno. Llamó a un taxi y allá fui.
Nunca había visto vecindarios como por los que pasó el taxi. La mayoría de los letreros en las tiendas estaban en idiomas que no eran inglés. Realmente me sentía como si estuviese en otro país. Un letrero me informó de mi situación: Jackson Heights, Queens. Poco después, el taxi me dejó en urgencias. Había pocos sitios para sentarse en la recepción; había personas con todo tipo de problemas: desde cosas más propias para un médico de cabecera a huesos rotos, afecciones del corazón y heridas de bala. Era el único blanco a la vista.
El dolor creció durante la hora que estuve esperando y avisé a la enfermera de urgencias. Se interesó en mí cuando le dije que daba clases en una facultad de medicina y que trabajaba con personal de urgencias. Me pasó al frente de la cola y me llevaron en silla de ruedas a otra área de espera. Un médico interno me hizo unas cuantas preguntas y yo ya me encontraba en terreno conocido. Le expliqué que trabajaba en la medicina y por qué creía que los síntomas podían ser apendicitis.
Dos horas después, me entrevistó el equipo médico al completo y dos horas después me hicieron un escáner TC. Un interno muy majo de cirugía con mucho tacto me dio la noticia: apendicitis aguda. No iba a coger mi vuelo de vuelta a casa. Una hora después, entré en el quirófano.
Resultó, según me dijeron los cirujanos, que el apéndice no sólo estaba infectado, sino que se había gangrenado. Dos tercios del tejido ya estaban muertos. Sólo quedaba una fina capa del órgano cuando operaron, una situación que podría haber extendido las bacterias por mis órganos internos y llevarme a una peritonitis.
La recuperación fue lenta. Una vez más, resulté ser la única persona del ala del hospital que hablaba inglés como lengua materna. Los empleados no me preguntaban qué seguro tenía; me preguntaban si tenía seguro. Había policías por los pasillos; muchos pacientes voceaban y molestaban. Prácticamente todas las camas estaban llenas; mi habitación era una de las pocas con sitios libres. El personal de enfermería no paraba; estaba claro que, en este hospital de barrio que daba servicio a todo el mundo, sencillamente no había suficiente personal.
Aun así, el personal era de gran ayuda. Había una serie de errores en el sistema: me trajeron comidas que no eran apropiadas para el post-operatorio y no se me dieron los antibióticos intravenosos que el cirujano había recomendado. Cuando llamé la atención del personal sobre estos temas, los solucionaron al cabo de un rato. Cuando llegó mi compañero de habitación – un agradable hombre que se describía a sí mismo como alguien con importantes problemas psiquiátricos – unos descuidos parecidos hicieron que se pusiese muy nervioso. Les dije a las enfermeras que yo era psicólogo y les expliqué como podían calmar la situación. Lo hicieron y terminé teniendo un compañero de habitación excelente y agradecido.
Cuando me pude levantar, deambulé por los pasillos y conocí a muchos pacientes y personal: una amable mujer de Colombia a la que también le habían quitado el apéndice; un guarda de seguridad irlandés que me habló de su propia hospitalización reciente y que me contó su frustración con lo desbordado que estaba el sistema sanitario; un estudiante de medicina de tercer año que desvivió por ver qué tal estaba yo; una enfermera del turno de noche de Polonia que tenía una forma amable de despertar a los pacientes en mitad de la noche cuando tenía que tratarles; una enfermera de la India claramente quemada que le negaba pequeñas cosas un paciente que daba problemas. Al cabo de un tiempo, dejé de percibir las nacionalidades de la gente. Estábamos todos en esto juntos.
El miércoles estaba listo para marcharme y volé a casa el jueves. La cantidad de apoyo de los lectores del blog, amigos y familiares fue increíble. Varias veces me encontré al borde de las lágrimas. No había comido mucho en varios días y no había salido a la calle desde el lunes por la noche al miércoles por la tarde. La comida sabía inusualmente buena; el cielo parecía particularmente azul. Estaba agradecido por estar vivo y disfrutar de estos simples placeres.
Tal vez la experiencia más extraña de todas, no obstante, se produjo tras mi alta del hospital. Necesitaba un medicamento con receta y la farmacia local no aceptaba mi seguro médico. La farmacia que sí lo aceptaba más cercana estaba a 14 manzanas. Sin dudarlo, me puse a andar poco a poco las 14 manzanas por un vecindario que tan sólo unos días antes me habría parecido increíblemente amenazador. De nuevo, era el único blanco a la vista. Pero no tuve ningún problema con el paseo o comunicándome con la servicial farmacéutica que me resolvió todo para que pudiese tomarme mis pastillas. Para entonces, ya era parte del vecindario.
¿Y cuáles son las lecciones sobre la vida (y el trading) que podemos sacar de todo esto? En mi opinión, las siguientes:
- Un poco de conocimiento puede ser peligroso. Minimicé mis problemas inicialmente, convencido de que tenía una intoxicación alimentaria. Sólo cuando revisé mi opinión pude recibir la ayuda que necesitaba. Si está perdiendo dinero en los mercados, tal vez sea tan sólo una racha de mala suerte y un fenómeno temporal. Pero si continúa, asegúrese de considerar otras explicaciones – incluyendo la posibilidad de que sus ideas o métodos de trading tengan un fallo grave. Por encima de todo, esté abierto a los indicios de que tiene un problema. Me fui de mi habitación del hotel cuando estuvo claro que mi dolor estaba en un punto concreto. Cuando las pérdidas exceden los drawdowns normales, pase a un modo defensivo. Son los eventos con pocas probabilidades, pero con un riesgo muy alto – esas colas largas del riesgo – los que pueden pillarle cuando su razonamiento está siguiendo una curva de distribución normal.
- Reclame lo que le corresponda. Estoy seguro de que algunas personas en el hospital recibieron una atención excelente; también estoy seguro de que otras no. En una situación en la que unos recursos limitados tienen que dedicarse a los problemas más acuciantes, muchas cuestiones rutinarias – pero importantes – se dejaban a un lado. Los pacientes que recibieron la mejor atención fueron también los que mejor reclamaban. Si es un inversor o un trader, nunca asuma que otros le proporcionarán las herramientas y técnicas que necesita para el éxito. Sólo sacará de los foros, los blogs, los entrenadores y los seminarios lo que persiga y busque activamente.
- Su red de contactos es su mejor herramienta de supervivencia. En un mundo de información y recursos limitados, le irá mejor relacionándose con todo aquel que usted pueda ayudar y que le pueda ayudar. Continuamente vi pacientes y personal del hospital que se ayudaban entre ellos: compartir información y ayudarse era lo mejor para todo el mundo. Una vez que entendí eso, las diferencias de cultura y clase socioeconómica quedaron atrás. Para los traders, eso quiere decir que el conocimiento es un proceso social; la experiencia se reparte. Yo “doy” información a través de mi blog, pero recibo mucho más de lectores con ideas parecidas.
Estaba en un fondo hedge que gestiona miles de millones trabajando con traders; horas después, estaba en la sala de espera de urgencias de un hospital de barrio. En vez de pasear por la Avda. Greenwich, me pateé 14 manzanas en la Ave. Roosevelt. La vida es frágil; da muchas vueltas y a veces éstas ofrecen las mejores lecciones en la vida. Si se encuentra en una situación incómoda, considere la posibilidad de que está destinado a estar en la misma, que sólo puede crecer uno cuando se sale de su zona de comodidad.
Mis más sinceras gracias a los estupendos profesionales del hospital Elmhurst. Muchas, muchas personas en los colegios, las clínicas, los aeropuertos y los cuerpos de bomberos y policía de este país están dando lo mejor de sí mismos con unos recursos insuficientes. La suya es una historia heroica que merece que se cuente.
Y de nuevo gracias a todos por su apoyo.
Brett
Traducido del original: Three Life and Trading Lessons From a Personal Crisis
martes, 7 de julio de 2009
Tras una pérdida devastadora
Entonces llegamos a mediados de agosto. Una subida brutal llevó a precios mucho más altos y me dejó en números rojos. Decidí aguantar y esperar a una corrección, pero la corrección fue muy leve. Volvimos a subir fuertemente en otoño y me vi obligado a realizar unas pérdidas que eliminaron no sólo la mayoría de mis beneficios anteriores, sino también mis sueños de unos ingresos extra.
Tendría que decir que fue el periodo más deprimente de toda mi vida. Me estaba cuestionando el trabajo que estaba realizando en un centro de salud mental – una gran experiencia de aprendizaje, pero no una trayectoria profesional viable – y tampoco era feliz en mis relaciones personales. Las pérdidas de trading eran la guinda de un pastel que no era precisamente delicioso. Toqué fondo en un bar en Homer, Nueva York tras haber bebido mucho y haber fumado algo que luego descubría había sido adulterado. No fue una época feliz.
Estoy convencido de que las personas de más éxito no son las que nunca tienen malas rachas en la vida, sino las que las utilizan para dar la vuelta a sus vidas. Dejé de operar y me dediqué a estudiar el mejor momento de entrada en los mercados de tal forma que, me juré a mí mismo, me permitiese no volver a cometer el mismo error. De ese periodo vienen los estudios sobre nuevos máximos y mínimos y las relaciones de sectores adelantados/retrasados que sigo utilizando hoy en día.
También le día la vuelta a mi vida social. Tras consumir una botella entera de whiskey en una fiesta de Año Nuevo de 1984, me encontré demasiado borracho para realizar las preguntas pertinentes a la mujer que acababa de conocer. Si hubiese preguntado, me habría enterado de que todavía no estaba divorciada, que tenía tres niños y que me sacaba nueve años – nada de lo que estaba buscando. Hoy, 24 años después, sigue siendo mi esposa y la mejor decisión de mi vida.
Con mi matrimonio en 1984, vino la responsabilidad compartida de tres niños. Los pasos que no di por mí mismo los tuve que dar por mi nueva familia. Se acabaron la bebida y las fiestas. Utilicé mi experiencia en el centro de salud mental para conseguir un puesto de asesor de estudiantes en la Universidad de Cornell, con una bajada del sueldo del 33%. Un año después, impresionada por mi experiencia en Cornell, me contrató la Upstate Medical University en Siracusa y me uní al claustro de la facultad de Medicina.
En esta universidad, me di cuenta de que mi habilidad para la asesoría no se ajustaba a la perfección al entorno de la facultad de Medicina. Me dediqué a un estudio en profundidad de la literatura sobre investigación y práctica y me enseñe a mí mismo los fundamentos de un enfoque emergente de terapia llamada "terapia breve". Poco después, comencé a dar clases de terapia breve en los programas de psicología y psiquiatría. En 1990 publiqué mi primer ensayo en el campo y otro en 1992. Había encontrado mi nicho de mercado: uno que me llevaría a publicar más de 50 ensayos y capítulos de libros, dos libros sobre psicología y psiquiatría y tres libros que combinaban mi amor por el trading y la psicología – y, por supuesto, este blog diario.
Cuando miro atrás a esa pérdida de trading en 1982 la veo ahora como el comienzo de una remontada, no como el final de un sueño. Pero hizo falta que me mirase en el espejo de forma implacable y sin excusas para realizar esa remontada. También hicieron falta relaciones con personas a las que quisiese lo suficiente como para exigirme más a mí mismo.
He recibido varios correos y comentarios en el blog de traders que han sufrido unas pérdidas devastadoras. Este artículo es para ellos. Lo que no le mata puede hacerle más fuerte, si es capaz de mirarse en el espejo sin excusas.
Traducido del original: After a Devastating Trading Loss
viernes, 3 de julio de 2009
Un viaje entre culturas – Dedicado a la madre del cosaco ucraniano ;)

Le diagnosticaron daños cerebrales. Eso explicaba por qué le tenían en un ala distinta del hospital del orfanato de Moscú.
El vídeo grabado por mi hijo mayor, no obstante, contaba una historia distinta. El chiquitín de 13 meses que sólo pesaba 7 kilos – a comienzos de los 90, la comida y las medicinas escaseaban en Rusia – parecía alerta y atento. Interactuaba con sus cuidadores y jugaba con los pocos juguetes en su área. Su movimiento, su emoción – todo parecía normal.
Y así fue que hicimos un viaje de tres semanas a Moscú y sorteamos nuestro camino por el sistema de servicios sociales para finalizar nuestra adopción del pequeño Pavel, pronto conocido como Macrae. No sólo fue un viaje a través de un océano, sino a través de las culturas. En Moscú, éramos los extranjeros en una tierra extraña, pero nosotros y nuestros anfitriones también estábamos unidos por un deseo en común: asegurar un hogar lleno de amor para ese niño entusiasta que aparecía en el vídeo.
Poco sabíamos nosotros que la parte más importante del viaje ocurriría durante el viaje de regreso a casa.
Y vaya viajecito que fue: trece horas con un niño que no paraba de gatear en nuestro regazo. Tras haber visto únicamente su hospital durante su breve vida, Macrae estaba demasiado excitado por estar en el mundo real como para quedarse dormido.
Le sostuve cerca de mí y me miró.
Nuestros ojos se encontraron.
Inclinó su cabeza ligeramente hacia atrás.
¡Bum! De repente, golpeó su frente contra la mía.
Me sobresalté un poco, pero le acaricié la cabeza y seguí sosteniéndole.
¡Bum! Esta vez su cabeza golpeó la mía con más fuerza. ¡Ay!
Le volví a poner en mi regazo y la secuencia comenzó de nuevo.
Nuestros ojos se encontraron.
Echó la cabeza atrás.
¡CLONK! Esta vez sí que me dio fuerte en la cabeza.
¿Qué estaba ocurriendo? Una vocecilla dentro de mí empezó a darle vueltas a una idea horrible: Puede que realmente tenga daños cerebrales.
Resultó ser un viaje interesante: sostener a Macrae cerca, alejarle para evitar que me diese un cabezazo y vuelta a empezar de nuevo.
Cuando volvimos, llamé al trabajador social en Moscú. Lo más de pasada que pude le mencioné lo de los cabezazos. Se rió y me lo explicó: en el orfanato los cuidadores tenían un juego con los niños. El juego se llamaba “carnero”. Contaban hasta tres y se tocaban con las cabezas, como los carneros.
¡Sólo que yo no estaba participando en el juego! Yo no estaba contando y no estaba tocando la cabeza de Macrae con la mía. Así que, con cada vez mayor insistencia, el pequeño Macrae intentaba hacerme jugar. Literalmente, estaba intentando meterme algo de sentido en la cabeza.
Fue el mejor viaje de todos: el viaje de la comprensión. Nuestro nuevo hijo no tenía un problema. El estaba intentando formar un vínculo con nosotros de la única forma que sabía. ¡Yo era el que tenía “daños cerebrales”, siendo incapaz de entender su comunicación!
¿Cuántos malentendidos en la vida – entre las personas y entre las culturas – podrían resolverse si tan sólo emprendiésemos ese viaje para entender lo que se comunica y no sólo lo que se oye?
Traducido del original: A Cross-Cultural Journey
martes, 23 de junio de 2009
La esposa de un trader: lo que hace que funcione el matrimonio
Se ha escrito mucho acerca de la personalidad de los traders y de lo que hace falta para triunfar en los mercados. No puedo decir, sin embargo, que me haya encontrado con ninguna discusión seria acerca de la psicología de la esposa del trader. Y aun así, mi trabajo con traders profesionales sugiere que el trading puede pasar factura a las esposas y a los matrimonios.
Creo que el reto fundamental es que los traders se ven recompensados por una buena toma de decisiones en condiciones de riesgo e incertidumbre. Estas condiciones aseguran que los traders no tengan unos ingresos regulares y predecibles. Cuando daba clases a tiempo completo en Siracusa, tenía un salario fijo y una cátedra en la facultad de Medicina. Aunque Margie y yo teníamos otros problemas, el dinero no era uno de ellos. Teníamos seguro médico, dos ingresos fijos (ella era profesora en aquel entonces) y unos gastos muy razonables.
El trader en una empresa profesional (un banco de inversión, un fondo hedge) normalmente tiene un salario base, pero la mayoría de sus ingresos vienen de su rendimiento. Puesto que estas empresas generalmente están situadas en zonas caras como Manhattan y los suburbios de Connecticut, el salario base no se considera adecuado. Muchas empresas de trading propietario sencillamente no tienen una estructura salarial. En el mejor de los casos, ofrecen un adelanto de los futuros beneficios que debe ser devuelto. Además, la empresa probablemente no ofrezca seguro médico ni pensión a sus traders, puesto que técnicamente son clientes de la empresa (la empresa es su broker), no empleados.
Es cuando el trader trabaja por su cuenta y riesgo que nos encontramos que tiene muy poca seguridad financiera. No hay seguros ni ingresos garantizados. El riesgo y la incertidumbre crean riesgos e incertidumbre para los ingresos familiares. Muy a menudo es la esposa – preocupada por los niños y la casa – la que sufre esta incertidumbre. El trader puede estar a gusto en un entorno incierto; la esposa o la novia a menudo no.
Las investigaciones nos dicen que la ausencia de percepción de control sobre los resultados es una de las principales causas de estrés psicológico. La esposa de un trader no tiene control sobre los mercados, los resultados de trading o los ingresos mensuales. He descubierto que generalmente – incluso en el caso de traders que tienen carreras profesionales que abarcan varias décadas – los niveles de ingresos son cíclicos: hay años malos y años buenos. Muy a menudo, las parejas toman decisiones financieras durante los momentos de mayores ingresos, para después experimentar presión cuando las tendencias y la volatilidad del mercado cambian.
Otro reto al que se enfrenta la esposa del trader es que una de las cualidades que permiten el éxito en el trading – la capacidad para verse inmerso en los mercados – es también una característica que puede hacer que el trader no pase mucho tiempo con su familia. El trader puede llegar a casa para relajarse, desconectar y después prepararse para el día siguiente; la esposa puede querer hablar, que le ayude con la casa y que pase tiempo con los niños. Muchos traders describen el trading en términos de perseguir un sueño. Demasiado a menudo, mientras un cónyuge está persiguiendo el sueño, el otro va tirando cuidando de la casa, consiguiendo llegar a fin de mes y proporcionando unos ingresos estables. Pocas veces se da cuenta el trader que puede que su esposa quiera un sueño distinto: uno más basado en los factores que hicieron que se casasen.
Otro de los problemas más habituales que escucho a los traders casados es que traer los problemas del trading a casa crea problemas con la esposa. Crea problemas precisamente porque ensimismarse en esos problemas evita que el trader participe como esposo y padre. A lo largo del tiempo, esto sólo puede traer conflictos y resentimiento. Es en esta situación en la que a las esposas les resulta difícil apoyar a sus parejas en sus desafíos. Muchas veces he escuchado que algunos traders temen volver a casa tras un día con pérdidas, temiendo que les abronque su pareja por estar estresada y no disfrutar más de la relación.
Le pregunté a Margie cuál era en su opinión la cualidad más importante para la esposa de un trader y me contestó en seguida: “aguante”. Se refería a la capacidad de pasar por periodos buenos y malos manteniendo una cierta distancia emocional – e incluso sentido del humor – durante los malos.
Y aun así, creo que los traders pueden contribuir mucho a la capacidad de aguante de sus parejas. Dos principios que hacen que los matrimonios funcionen en general son particularmente cruciales para el bienestar de la esposa de un trader:
- Asuma la responsabilidad del bienestar de su pareja. En los matrimonios de traders que he visto funcionar muy bien, ha sido porque el trader ha echado el resto para asegurarse de que su esposa tiene una carrera profesional o alguna válvula de escape para desarrollarse y expresarse. El trader se ha puesto las pilas en casa, permitiendo que su esposa participe en actividades que le gusten. El trader también se ha esforzado en no traer las presiones del trading a casa y en asegurarse que hay suficiente capital para un “día lluvioso” para poder capear una mala racha en el mercado. A su vez, la esposa ha mantenido su auto-suficiencia para permitir que el trader tenga tiempo en casa para estudiar los mercados o simplemente recuperarse de un día duro. Cuando los matrimonios han funcionado, el trading ha sido en cierta medida una cosa de dos, no tan sólo el trabajo del trader.
- Vea lo mejor de su pareja. El psicólogo John Gottman ha descubierto que hay cuatro patrones de comunicación que predicen el divorcio (en inglés) con una precisión del 91%: criticismo, ponerse a la defensiva, desprecio y no hacer más que poner pegas. Las parejas a las que les va bien ven su pasado juntos de forma positiva y ven el carácter del otro con admiración. Las parejas con problemas atribuyen los mismos a defectos en la personalidad y el carácter de su pareja: ven lo peor del otro. Para una pareja bien avenida, un defecto es una rareza encantadora; para la pareja destinada al divorcio, es un obstáculo insalvable. Entre las claves para el éxito en el matrimonio mencionadas por Gottman está la capacidad para crear un significado compartido. La esposa no va a ser la que opere en la mayoría de los casos, ni va a estar necesariamente interesada en los mercados. Es crucial tener una esfera conjunta de interés y actividad que continuamente proporcione nuevas experiencias de intimidad. Estos intereses comunes también permiten que cada miembro de la pareja perciba lo mejor del otro.
No aprendí estas cosas en mi formación como psicólogo. No, las aprendí observando a Margie, a quien se le da tan bien ser madre y esposa como a mí la psicología del trading. Este artículo está dedicado a ella por todo lo que ha hecho para mantener casi un cuarto de siglo de felicidad a través de los muchos altibajos personales y de pareja. Cuando grabamos nuestras alianzas de matrimonio, escogimos la frase “Pasión Perpetua”.
Es una fórmula para el éxito en el amor y en el trabajo.
Traducido del original: The Spouse of a Trader: What Makes Marriage Work
sábado, 13 de junio de 2009
Implicaciones de la energía psicológica y el éxito en la vida
Una aplicación importante de este punto de vista es que, si estamos operando de una forma que aprovecha nuestros puntos fuertes y valores – nuestros talentos, habilidades e intereses – deberíamos experimentar nuestros esfuerzos como energéticos y vigorizantes, sustentando nuestro aprendizaje y desarrollo.
Si el trading agota nuestra energía, es una señal de que probablemente no estamos poniendo nuestro esfuerzo en nuestro nicho de rendimiento. Los traders de éxito encuentran formas de ver los mercados y operar sobre ellos que reflejan quiénes son como personas: esa congruencia hace que aguanten durante las malas rachas y los periodos de (re)aprendizaje.
Traducido del original: Trading Implications of Psychological Energy and Life Success
Las leyes de la energía psicológica y los secretos al éxito en la vida
Nuestros puntos fuertes reflejan nuestros talentos (capacidades innatas) y habilidades (competencias adquiridas).
Los esfuerzos que se alinean con nuestros valores y puntos fuertes nos dan energía: son psicológicamente edificantes.
Los esfuerzos que no se alinean con nuestros valores y puntos fuertes minan nuestra energía: nos hacen psicológicamente invisibles.
Las personas muy productivas son aquellas que invierten buena parte de su esfuerzo y tiempo de forma alineada con sus valores y puntos fuertes. Su energía y esfuerzo generan más energía y esfuerzo.
Los desórdenes de la energía psicológica – la pereza, el dejarlo todo para luego – provienen menos de un conflicto interno que de una falta de alineación con respecto a nuestros valores y puntos fuertes.
Si no es usted muy productivo o no tiene éxito en su profesión, probablemente no esté aprovechando sus valores y puntos fuertes.
Si opera aprovechando sus valores y puntos fuertes, es más probable que tenga éxito y sea productivo.
Las relaciones tienen más probabilidades de funcionar si se basan en nuestros valores y puntos fuertes. Estas relaciones dan energía.
Buena parte del éxito en el trading consiste en encontrar un nicho de mercado (en inglés) – un conjunto de mercados, estrategias y formas de ver estos mercados y estrategias – que encaje con nuestros valores internos y puntos fuertes, así como con las oportunidades externas. De forma más general, ésta es probablemente también una fórmula para el éxito en la vida.
Traducido del original: Laws of Psychological Energy and Secrets to Life Success



